Y explotó. No, no hablo de Fukushima sino del debate sobre la energía nuclear. Tras el terremoto de Japón, que dejó pendiente de un hilo a la central nuclear nipona, muchos han sido los que han dudado de las palabras que pronunciase Lewis Strauss, empresario estadounidense, sobre la energía nuclear, éste auguró que sería “demasiado barata para facturarla. Limpia, segura, son entre otros los calificativos que recibe pero, ¿es esto cierto?
Sin duda los últimos acontecimientos no son buenos argumentos para casarse con la energía nuclear. En el cerebro de todos está Chernóbil, que causó miles y miles de muertos. ¿De verdad es seguro esto? No parece muy segura una energía a la que si te expones no tardarás en morir. Pero como siempre el interés de unos pocos prima por encima del bienestar de la población.
Dinero, esa es la clave. En esta sociedad en la que vivimos es más importante lo que salga barato que lo que sea salubre. Qué más da que la vida de cientos de japoneses esté en peligro si total nos sale barato. Es hora de girar la ruleta. De preocuparse por las vidas y dejar de lado el interés monetario. Empezar a utilizar energías alternativas e ir jubilando energía nocivas sería la solución, pero ni los políticos parecen querer, ni nosotros nos preocupamos de “obligarles”.
Cada día el debate se extiende más y no solo acerca de la energía en sí, sino a los residuos cuyo almacenamiento resulta, además de caro, muy peligroso, sobre todo aquellos residuos de alta actividad, que siguen siendo letales durante años. Esperemos que el incidente el Japón sirva para algo más que para una charla de cafetería tras la que todo sigue igual.
